lunes, 25 de abril de 2011

Perdida la guerra y ganada la única batalla que hubo. Rendida a la toalla, que está demasiado estropeada de tantos amagos de tirarla. Es curioso. Ni siquiera me salen las palabras. Ni siquiera sé lo que siento, ni qué quiero sentir, ni acaso si debo sentirlo. Es todo tan... apático. La desidia me lleva por el mal camino, aunque en el fondo nunca me rinda. Pero eso es algo que lo saben quienes lo deben saber. Después de muchas reflexiones he llegado a la conclusión inexacta de que todo en la vida es un coste de oportunidad: debes prescindir de algo si quieres obtener algo nuevo. Prescindir de tus sentimientos en beneficio de los demás, o prescindir de los sentimientos de los demás en beneficio propio. Lo mismo da. No es justo, aunque nadie dijo que lo fuera. El egoísmo siempre hace mella, lo queramos ver o no, está intrínseco en nosotros. Y aunque escarbes en sus paredes e intentes romper su muro, es demasiado ancho... Demasiado insonorizado como para que alguien escuche tus gritos. Tu propia burbuja, aislante. Refugiarse en uno mismo es humano, aunque nadie puede decir si es, o no, correcto. Yo no sé si me refugio en mi verdad o en mi mentira. Tal vez en mi fantasía, la cual no sé siquiera hasta qué punto es cierta. Las distracciones asaltan la cabeza, y evades tu mente para no pensar. Paralizar el tiempo sólo alarga el momento de encontrar la solución. La cobardía por decir las cosas, por ser sincero, sobretodo con uno mismo. Es algo que cuesta asumir. La impotencia es tal que podría sangrarme las palmas de las manos apretando los puños. El aire es espeso. Sabe a mierda. Pero sigues respirando en un suspiro conformista pensando: "aún no es el momento". Alguien dijo que sólo se es realmente libre cuando no importa si vives o mueres. ¿Y cuándo importará? ¿Y cuándo dejará de importar? Tal vez vaya siendo hora de dar respuestas y dejar de hacer preguntas. De tragar sin rumiar tanto... Tragar sin tan siquiera masticar. Pero un nudo en la garganta es suficiente para hacerte de muro. Tu propio muro. El muro de las lamentaciones que tú mismo te creaste.
Siempre querremos refugiarnos en nuestra miseria. Debe estar caliente

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